viernes, 12 de octubre de 2007

SERVICIO MISIONAL

El 28 de agosto de 1852, cinco años después que los santos llegaron al Valle del Lago Salado, Brigham Young organizó una conferencia especial en la que se llamó aproximadamente a cien hombres para servir en misiones en los lejanos rincones de la tierra. El mandato que George A. Smith, de los Doce, dio a los misioneros fue: "En general, las misiones que designaremos en esta conferencia no tomarán demasiado tiempo: es probable que lo máximo que se ausenten los hombres de sus familias sea de tres a siete años".
Hoy en día, nuestros misioneros no cumplen una misión ni parten para cumplirla bajo tan extremas circunstancias, sino que van con relativa comodidad y facilidad, vestidos apropiadamente, con alimentos adecuados y se movilizan por avión.
En la actualidad, hay más de 58.000 misioneros regulares que sirven en 136 naciones y territorios. En julio, habrá 331 misiones. La emoción y el entusiasmo que significa ser misionero regular es una de las grandes bendiciones a las que un hombre joven del Sacerdocio Aarónico puede aspirar.
Hombres Jóvenes del Sacerdocio Aarónico, permítanme sugerirles seis maneras de prepararse para la misión:

Primero: obtengan su propio testimonio de la verdad del Evangelio de Jesucristo. Sepan sin ninguna duda que poseen el sacerdocio y que Jesucristo es Su Salvador.
Segundo: estudien el Libro de Mormón y mediten sobre él hasta el punto en que puedan afirmar que el profeta José Smith lo recibió del ángel Moroni y que lo tradujo de las planchas de oro.
Tercero: sean limpios y puros. A los que se hayan equivocado, tienen el arrepentimiento a su disposición si se acercan al obispo y buscan su ayuda y consejo.
Cuarto: paguen el diezmo y las ofrendas a fin de poder testificar de este gran principio del Evangelio. Ahorren dinero para que puedan servir en una misión; la misión no es gratis, y se espera que el misionero contribuya monetariamente al costo de su misión.
Quinto: aprendan a trabajar. Tengan la voluntad de levantarse temprano en la mañana, de trabajar arduamente durante el día y de ir a acostarse a tiempo. Mientras se preparan para la misión, aprendan a trabajar.
Y sexto: sirvan como maestros orientadores en su barrio para ser conscientes del gozo que brinda el servicio.

Para todos los misioneros regulares tengo varias sugerencias:

Primero: abran la boca. El Señor nos dice: "Y en todo tiempo abrirás tu boca para declarar mi evangelio con el son de regocijo".
Hablen con todo el mundo: con comerciantes, con pasajeros de autobús, con gente que ande por la calle y con todo aquel con quien se encuentren.
Segundo: trabajen con todas sus fuerzas. En la obra misional se reciben muchos rechazos y es fácil desanimarse. "Y sois llamados para efectuar el recogimiento de mis escogidos; porque éstos escuchan mi voz y no endurecen su corazón".
Tercero: sean obedientes, fieles y leales. Los misioneros tienen compañeros para estar protegidos. La mejor forma en la que un misionero protege a su compañero es ser leal al Señor y ayudar al compañero. Al guardar las reglas de la misión, ustedes ganarán la libertad de contar con la asistencia del Espíritu.
Cuarto: enseñen y testifiquen. "Y saldréis por el poder de mi Espíritu, de dos en dos, predicando mi evangelio en mi nombre, alzando vuestras voces como si fuera con el son de trompeta, declarando mi palabra cual ángeles de Dios".
Y quinto: cuando finalicen la misión, mantengan el espíritu así como la apariencia misional y la misma confianza que se le brinda a un misionero. Brigham Young dijo en una ocasión a los ex misioneros: "Regresen con una actitud positiva. Consérvense limpios desde la coronilla a la planta de sus pies; sean puros de corazón".


A los padres y a los abuelos de los hombres jóvenes del Sacerdocio Aarónico:
  • Motiven y alienten a sus hijos y nietos para que cumplan una misión.
  • Proporciónenles un hogar recto y una atmósfera de paz y estabilidad en la que los jóvenes se críen y se preparen para prestar servicio.
  • Sean un ejemplo personal en lo que respecta a guardar los mandamientos. Paguen el diezmo y las ofrendas, asistan a las reuniones sacramentales, lean las Escrituras y realicen la Noche de Hogar a fin de que sus hijos estén preparados para la misión.
  • También ustedes y sus respectivas esposas deben prepararse para prestar servicio como matrimonios misioneros cuando llegue el momento. Necesitamos muchos, muchos matrimonios misioneros.

El gozo y las bendiciones de prestar servicio en una misión regular son tan sagrados para la persona que se hace difícil expresarlos con propiedad. Treinta y cinco años después que yo cumplí mi primera misión, recibí una carta de una familia a la que enseñé, pero que no bauticé. En la carta me decían que de los cuatro hijos de la familia que yo había conocido, ahora había cuatro matrimonios efectuados en el templo, tres misioneros regulares, tres obispos, una presidenta de la Sociedad de Socorro y una docena de nietos madurando y desarrollándose en el Evangelio. ¡Se podrán imaginar la emoción y el gozo que recibí al saber que había ayudado a encontrarlos y a enseñarles el Evangelio de Jesucristo!

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